Bailey era una chica callejera que vivía en la calle y pedía limosna. PEro un día llegó una generosa mujer que le ofreció cobijo en su casa y para devolverle el favor ella debería trabajar para ella a la vez que aprendía a ganarse la vida y pasar de pobre a rica en pocos días. Enseñarla a ser todo una zorra fue fácil si contamos que ademñas tenía un cuerpo delicioso perfecto para probar con su primer cliente, el señor Manuel Ferrara que pondría a prueba su culito con una sesión de sexo anal muy intensa dando cabida sin problemas a su gran polla.

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